Por
último y para finalizar ésta trilogía de artículos sobre el NO, hablaré de
nuestra propia capacidad de negarnos a hacer algo cuando en verdad lo que
queremos es hacerlo. Cómo ya he comentado en artículos anteriores, en
ocasiones, la persona que nos retiene ha hacer aquello que queremos es uno
mismo.
Ya sea
por miedo al qué dirán, por el miedo que tenemos a salir de nuestra zona de confort,
o porque creemos que si lo hacemos y sale mal, no podremos cargar con la culpa.
Damos mil vueltas, damos miles de argumentos, nos mentimos, etc., para hacernos
creer que no tenemos que hacerlo, sin embargo, ¡Cómo nos gustaría a veces que
alguien viniese y nos diese ese empujoncito para poder hacerlo!.
En
realidad, no muchos nos damos cuenta de la capacidad que tenemos de decir SI
puedo y quiero hacerlo. Solemos quedarnos en un “y si…” cuando podríamos decir “lo
hice, lo intenté y…” ¿Quién sabe que hubiese pasado si cuando era pequeña le hubiese
confesado lo que sentía a aquella persona? ¿Qué hubiese pasado si llego a
comprar aquella casa? ¿Qué hubiese pasado si…? Lo que hubiese pasado es que
tendríamos una respuesta a lo que queríamos saber realmente.
Tenemos
que romper con esa dinámica, darnos cuenta de los momentos en que impedimos dar
una respuesta que corresponde a lo que realmente deseamos. Identificar el
momento es lo primero que tenemos que tener en cuenta, parece fácil pero no lo
es, en ocasiones nos centramos tanto en dar respuestas que nos lleven a
desviarnos de lo que queremos que no nos damos cuenta de lo que estamos haciéndonos.
Siempre
nos dicen que nos tomemos nuestro tiempo en dar una respuesta, en verdad,
deberíamos de hacerlo, nos daríamos cuenta de la cantidad de veces que no
realizamos lo que queremos. Una simple pregunta a uno mismo como ¿Me maquillo
hoy para ir al cine? En la que una misma se responde ¡No, mis amigos me
mirarían raro, yo nunca me maquillo! Sin embargo, ese día te apetecía y querías
verte bonita. Si esto ocurre con cosas tan simples, ¿qué no estará pasando en
el resto de decisiones?. Por ello es muy importante que nuestro primer paso sea
identificar cuándo nos estamos negando a realizar algo que queremos.
En
segundo lugar, convendría pararse a observar nuestros sentimientos y emociones.
Siempre digo que es muy importante éste paso, éste es el que nos da pie a
decidir con “poder” propio una respuesta. Nos podríamos preguntar cosas como ¿Me
gustaría hacer lo que quiero? ¿Si otras personas lo hiciesen y tu estuvieses
delante, crees que actuarías como crees que actuarían ellos al verte a ti en la
misma situación? ¿Es lo que ellos harían o es lo que tú crees que harían? ¿Cómo
te sientes al pensar en hacerlo? ¿Es importante para ti? ¿Te arrepentirás de no
hacerlo? Cómo un amigo me dijo en su día, el NO ya lo tienes, ¡hazlo, puede que
encuentres un SI!
Un
día me planteé una cuestión y es la siguiente: creo que cuando dudas de algo es
porque ya sabes la respuesta. Piénsalo, si no tienes dudas sobre algo, ¿Porqué
le das tantas vueltas? Es una manera que tengo yo de plantearme las cosas y verlas
desde otro ángulo, de cierta forma, me hago recapacitar sobre ello y veo clara
la respuesta.
En
tercer lugar, ¡Hazlo! Haz aquello que deseas. Y por cuarto y último lugar,
¿Cómo te sientes al ver que puedes hacerlo? ¿Crees que el haberlo hecho puede
cambiar tu rumbo en futuras preguntas/repuestas? ¿Ocurrió aquello que creías
que pasaría? Y si no salió como creías, ¿Crees que puede pasar algo malo? ¿Fue tan
catastrófico? Yo creo que no, y es que a veces también cometemos errores, lo
bueno es saber reconstruirnos y aprender de ellos, no desistir en intentarlo
otra vez. Pero sobre todo, fuiste tú quien decidió hacerlo, es algo que hiciste
por qué tú querías, no es tan malo como realizar algo que no quieres y obtener
la misma respuesta. En éste último caso, te sentirías frustrada contigo mismo y
echarías tal vez la culpa a otros por no haberte escuchado. Es por ésta razón
que a veces es mejor decidir por uno mismo.
Voy
a contar un caso propio el cuál estoy trabajando en ello ahora mismo, siempre he
sido una persona que no se ha cuidado mucho su aspecto, ropas anchas y antiguas,
nada de maquillaje, salía de la ducha y tal cual tenía el pelo así se quedaba…
Muchas veces me decía a mi misma “¿Y si hoy me arreglo un poco?” “Me gustaría
sentirme bonita hoy y pintarme, vestirme bonita…” pero siempre me decía “Creo
que si me arreglase me mirarían raro” “Seguro que no estoy bonita y mis amigos
se burlarán de mi” “Eso no pega conmigo, yo no sé ser bonita” “Para qué me voy
a arreglar si me voy a sentir observada y voy a querer cambiarme de seguida”… y
un largo etc. Sin embargo, desde hace unas semanitas estoy intentando cambiar
el chip, he sacado mis pinturas, estoy probando peinados nuevos (jamás he llevado
algo que no sea el pelo suelto… tal vez una coleta y enseguida me la quitaba
jajajaja), me fui a comprarme ropa nueva y muy colorida, con estampados que
siempre me han gustado y de un tacto tan bueno que me siento muy cómoda llevándolo.
Desde que cambié mi chip, me arreglo un poco más, me miro al espejo y veo que
me gusta lo que hay, ¡Sonrío al verme! Y cada vez menos me importa lo que los
demás puedan opinar, ésta soy yo y no lo que los demás esperan que sea. Y si me
apetece ir arreglada voy, y si me apetece llevar chándal todo el día, me lo
pongo, pero siempre haciendo lo que dibuje en mí esa sonrisa tan bonita que veo
cada mañana en el espejo desde que me dejo ser yo misma, ser libre.
Ahora
te toca a ti averiguar cuáles son esos momentos en los que te dices que NO,
analizar y preguntarte, hacerlo y volver a analizar y preguntarte cómo te
sientes. Gracias por leerme y nos vemos en breve, un abrazo.