martes, 19 de junio de 2018

¿Y si…? No te quedes con la duda, hazlo.


      Por último y para finalizar ésta trilogía de artículos sobre el NO, hablaré de nuestra propia capacidad de negarnos a hacer algo cuando en verdad lo que queremos es hacerlo. Cómo ya he comentado en artículos anteriores, en ocasiones, la persona que nos retiene ha hacer aquello que queremos es uno mismo.

       Ya sea por miedo al qué dirán, por el miedo que tenemos a salir de nuestra zona de confort, o porque creemos que si lo hacemos y sale mal, no podremos cargar con la culpa. Damos mil vueltas, damos miles de argumentos, nos mentimos, etc., para hacernos creer que no tenemos que hacerlo, sin embargo, ¡Cómo nos gustaría a veces que alguien viniese y nos diese ese empujoncito para poder hacerlo!.

      En realidad, no muchos nos damos cuenta de la capacidad que tenemos de decir SI puedo y quiero hacerlo. Solemos quedarnos en un “y si…” cuando podríamos decir “lo hice, lo intenté y…” ¿Quién sabe que hubiese pasado si cuando era pequeña le hubiese confesado lo que sentía a aquella persona? ¿Qué hubiese pasado si llego a comprar aquella casa? ¿Qué hubiese pasado si…? Lo que hubiese pasado es que tendríamos una respuesta a lo que queríamos saber realmente.

       Tenemos que romper con esa dinámica, darnos cuenta de los momentos en que impedimos dar una respuesta que corresponde a lo que realmente deseamos. Identificar el momento es lo primero que tenemos que tener en cuenta, parece fácil pero no lo es, en ocasiones nos centramos tanto en dar respuestas que nos lleven a desviarnos de lo que queremos que no nos damos cuenta de lo que estamos haciéndonos.

        Siempre nos dicen que nos tomemos nuestro tiempo en dar una respuesta, en verdad, deberíamos de hacerlo, nos daríamos cuenta de la cantidad de veces que no realizamos lo que queremos. Una simple pregunta a uno mismo como ¿Me maquillo hoy para ir al cine? En la que una misma se responde ¡No, mis amigos me mirarían raro, yo nunca me maquillo! Sin embargo, ese día te apetecía y querías verte bonita. Si esto ocurre con cosas tan simples, ¿qué no estará pasando en el resto de decisiones?. Por ello es muy importante que nuestro primer paso sea identificar cuándo nos estamos negando a realizar algo que queremos.

      En segundo lugar, convendría pararse a observar nuestros sentimientos y emociones. Siempre digo que es muy importante éste paso, éste es el que nos da pie a decidir con “poder” propio una respuesta. Nos podríamos preguntar cosas como ¿Me gustaría hacer lo que quiero? ¿Si otras personas lo hiciesen y tu estuvieses delante, crees que actuarías como crees que actuarían ellos al verte a ti en la misma situación? ¿Es lo que ellos harían o es lo que tú crees que harían? ¿Cómo te sientes al pensar en hacerlo? ¿Es importante para ti? ¿Te arrepentirás de no hacerlo? Cómo un amigo me dijo en su día, el NO ya lo tienes, ¡hazlo, puede que encuentres un SI!

       Un día me planteé una cuestión y es la siguiente: creo que cuando dudas de algo es porque ya sabes la respuesta. Piénsalo, si no tienes dudas sobre algo, ¿Porqué le das tantas vueltas? Es una manera que tengo yo de plantearme las cosas y verlas desde otro ángulo, de cierta forma, me hago recapacitar sobre ello y veo clara la respuesta.

        En tercer lugar, ¡Hazlo! Haz aquello que deseas. Y por cuarto y último lugar, ¿Cómo te sientes al ver que puedes hacerlo? ¿Crees que el haberlo hecho puede cambiar tu rumbo en futuras preguntas/repuestas? ¿Ocurrió aquello que creías que pasaría? Y si no salió como creías, ¿Crees que puede pasar algo malo? ¿Fue tan catastrófico? Yo creo que no, y es que a veces también cometemos errores, lo bueno es saber reconstruirnos y aprender de ellos, no desistir en intentarlo otra vez. Pero sobre todo, fuiste tú quien decidió hacerlo, es algo que hiciste por qué tú querías, no es tan malo como realizar algo que no quieres y obtener la misma respuesta. En éste último caso, te sentirías frustrada contigo mismo y echarías tal vez la culpa a otros por no haberte escuchado. Es por ésta razón que a veces es mejor decidir por uno mismo.

       Voy a contar un caso propio el cuál estoy trabajando en ello ahora mismo, siempre he sido una persona que no se ha cuidado mucho su aspecto, ropas anchas y antiguas, nada de maquillaje, salía de la ducha y tal cual tenía el pelo así se quedaba… Muchas veces me decía a mi misma “¿Y si hoy me arreglo un poco?” “Me gustaría sentirme bonita hoy y pintarme, vestirme bonita…” pero siempre me decía “Creo que si me arreglase me mirarían raro” “Seguro que no estoy bonita y mis amigos se burlarán de mi” “Eso no pega conmigo, yo no sé ser bonita” “Para qué me voy a arreglar si me voy a sentir observada y voy a querer cambiarme de seguida”… y un largo etc. Sin embargo, desde hace unas semanitas estoy intentando cambiar el chip, he sacado mis pinturas, estoy probando peinados nuevos (jamás he llevado algo que no sea el pelo suelto… tal vez una coleta y enseguida me la quitaba jajajaja), me fui a comprarme ropa nueva y muy colorida, con estampados que siempre me han gustado y de un tacto tan bueno que me siento muy cómoda llevándolo. Desde que cambié mi chip, me arreglo un poco más, me miro al espejo y veo que me gusta lo que hay, ¡Sonrío al verme! Y cada vez menos me importa lo que los demás puedan opinar, ésta soy yo y no lo que los demás esperan que sea. Y si me apetece ir arreglada voy, y si me apetece llevar chándal todo el día, me lo pongo, pero siempre haciendo lo que dibuje en mí esa sonrisa tan bonita que veo cada mañana en el espejo desde que me dejo ser yo misma, ser libre.

      Ahora te toca a ti averiguar cuáles son esos momentos en los que te dices que NO, analizar y preguntarte, hacerlo y volver a analizar y preguntarte cómo te sientes. Gracias por leerme y nos vemos en breve, un abrazo.

jueves, 14 de junio de 2018

Da libertad a la expresión ajena


        En el artículo anterior os hablé sobre el derecho a decir NO sin sentirse mal por ello, en éste nuevo artículo os hablaré del derecho que tienen los demás a decir NO. Porque hay veces que nosotros somos los que impedimos que otros puedan opinar o decidir.

       A quién no le ha ocurrido que ha querido ir al cine, tomar un café, ir a una fiesta, visitar a alguien, ir a la playa, piscina… es decir, ha hecho planes para cualquier cosa con amigos, familia o pareja y no han salido como lo esperaba o ni siquiera se llegaron a realizar porque esas personas tenían otros planes, lo hicieron a desgana o simplemente no querían hacerlo. A mí personalmente, me ha pasado más de una vez y me cuesta identificar en ocasiones si la otra persona no está de acuerdo en hacer lo que yo le propongo ya sea porque no me doy cuenta de lo que quiere o porque no dice lo que realmente piensa. También habrás escuchado la típica frase de “es que siempre se hace lo que X quiere…” o “da igual lo que diga/digas porque X va a hacer lo que quiera y vamos a tener que callar igualmente”. Éstos y muchos otros son claros ejemplos de que la persona no está siendo escuchada y en el que su derecho a decir NO se lo estamos quitando.

        Además, cuando los demás nos dan su opinión respecto a lo que nosotros queremos o creemos que es lo mejor o más correcto, nos puede incluso sentar mal que su respuesta sea contraria a la nuestra. Surgen así sentimientos de tristeza, ira, rabia, impotencia… que nos hacen comportarnos mal con esas personas y con nosotros mismos, acabando por realizar actos egoístas y mezquinos.

       Eso es lo que ocurre cuando no eres consciente de que otros pueden pensar diferente a ti o a pesar de ser consciente, no aceptas que otros puedan tener opiniones propias. No toleras que no se haga lo que tú quieres y te frustra pensar que no se realizará.

      Alcanzado éste punto, si estuviste de acuerdo con el artículo anterior y afirmaste que tienes derecho a decir NO, ¿Porqué crees que los demás no tienen el mismo derecho que tú a decir que no?. Reflexionemos juntos, coge papel y bolígrafo. Te encuentras en una situación en la que no quieres hacer una cosa y te fuerzan a hacerlo sin poder decir que NO, ¿Cómo te sentirías? Piensa en una ocasión en la que te haya ocurrido esto y anota sobre el papel los sentimientos que te vengan a la mente. ¿Te gusta cómo te sentiste? Es más, ¿Te gusta como te estas sintiendo en éste momento al volver a pensar en ello? Continuemos, ahora coloca el nombre de otra persona sobre el papel, alguien que tú conozcas y sea cercano a ti. ¿Puede ser que esa persona se haya sentido así en algún momento? ¿Puede ser que se haya sentido así por algo que tú mismo le hiciste hacer sin que quisiese? Desde luego que puede ocurrir y ocurre. Pues bien, ¿Te gusta que esa persona se sienta así? Anota en el papel los sentimientos que te vienen al pensar que esa persona esté así ya sea por nuestra culpa o por otra razón.

         Ahora eres consciente de la situación, los demás también tienen el mismo derecho que tú a decir que NO. Ya sabes que debes dejar que los demás opinen y puedan decir lo que sienten sin tener que tener miedo a la reacción que puedan tener los demás. Sin embargo, ser consciente no lo es todo, también tienes que saber manejar la situación para que no te frustre el hecho de que puedan tener ideas contrarias a las tuyas. Es normal que surjan sentimientos negativos, lo que no es normal es que nos quedemos en ellos y los hagamos cada vez más fuertes. Tenemos que ser capaces de hacer que esos sentimientos negativos desaparezcan.

         Una manera de afrontar estos sentimientos es pensar en los demás y decirnos a nosotros mismos que es normal que a esa persona no quiera hacer lo que quieres, pues pueden tener ideas diferente a las tuyas. Hay que pensar en los sentimientos que le produciría el no poder opinar, es decir, ponerse en los zapatos del otro. Otra manera es pensar en lo que le propusiste y ver si habría alguna forma en la que puedes introducir sus ideas para que ambos estéis de acuerdo, e incluso comentárselo a él mismo y dialoguéis para ver si podéis llegar a un acuerdo. La manera en que yo manejo esos sentimientos es pensar en ellos y trabajar para modificarlos. No me gusta estar enfadada, triste, con ira… en general, no me gusta tener malos sentimientos, por lo que intento estar en ese estado lo mínimo posible. Tengo claro que me gusta estar bien y si piensas en momentos antes de haber ocurrido todo, ves que lo estabas. Tú mismo eres el que tiene el poder para estar bien, es cuestión de querer. Éste método es para mí el más difícil pero el que más me gusta porque te da la posibilidad de conocerte mejor y manejar tus propios sentimientos.

        Éstos son solo tres ejemplos de cómo podrías manejar el hecho de que otros puedan dar su propia opinión sin que te afecte pero hay muchas otras maneras de hacerlo. Sea cual sea la forma, será la correcta si te sientes bien al ver que la otra persona pudo expresarse libremente. Ahora es a ti a quien le toca trabajar sobre ello, averiguar la mejor manera de calmar esos sentimientos, de trabajar en las relaciones sociales y en el conocimiento de ti mismo. Espero que os haya gustado y podáis sacar lo mejor de éstas palabras.


sábado, 5 de mayo de 2018

Apodérate del No


      El tema de éste nuevo artículo es el que me devolvió la ilusión por escribir otra vez. Fue en ese momento cuando desperté del letargo en el que he estado envuelta durante todo éste tiempo. Resulta que había perdido la capacidad de decir por mí. Me dejaba llevar sin ser consciente de lo desagradable que era e incluso el sentimiento de malestar que provocaba en mí el dejar que otros decidiesen en verdad por mí.

     Seguramente a veces os habéis sentido molestos con alguien o con alguna situación sin saber realmente cuál era el problema o si teníais idea del porqué, sin más, mirabais hacia otro lado y asumíais ese sentimiento. Es el caso aquel en el que os dijeron de ir a cenar a aquel restaurante tan caro y por no hacer el feo, a pesar de que no estabas pasando por un buen momento económico, aceptas la invitación pero no es que te haga especial ilusión o aquella vez que debías de ir a casa a descansar porque al día siguiente tenías cosas que hacer sin embargo te quedaste en aquella fiesta en la que no te sentías muy cómodo/a porque gente a la que quieres te pidió que te quedases insistentemente. Todas éstas y otras situaciones en las que te has sentido mal, se podrían haber solucionado con un simple NO.

      Éste fue mi caso, tuve que decirle a una compañera de clase que no quería realizar un trabajo con ella por diversas razones. Al principio, no sabía como se lo iba a decir, el miedo a su reacción me impedía ver mi propio derecho a elegir lo que quiero y me temía que por el miedo iba ha hacer aquello que no quería, trabajar con ella. Pero fue al cabo de varios minutos de darle vueltas en mi cabeza que pensé “¿por qué tengo que tener miedo a su reacción? ¿Acaso no puedo decidir por mi misma si quiero o no hacerlo? Esa misma persona es quién ha de asumir que no quiera hacer el trabajo con ella, no yo la que tenga que estar comiéndome la cabeza…” Y así me liberé del enorme estrés que me resultaba aquella situación.

      En ocasiones hacemos cosas que no nos gustan por agradar a otras personas, no digo con ello que no hayan ocasiones en las que tengamos que hacerlas. Es normal que se den también ese tipo de situaciones en las que aunque no quieras, sabes que lo harás porque reconoces que es la mejor opción. Pongamos un ejemplo, el día X tienes un concierto que llevas tiempo esperando sin embargo, ese mismo día llega tu mejor amiga, esa que hace mil años que no ves y va a ser la única vez que os veáis pues se marcha ese mismo día… esa decisión será tuya, pero ahí radica la diferencia entre los ejemplos de antes y éste. La decisión última es tuya y estas conforme porque tú fuiste quien decidiste no ir al concierto para ver a tu amiga y no el hecho de que ella esté aquí te haga decidir que no has de ir al concierto.

      Por lo tanto, cuando estés cediendo tu “poder” te sentirás desconforme con tu decisión, pues en realidad no es tu propia decisión. Sin embargo, a pesar de rechazar algo que querías, el saber que la decisión última de lo que estás haciendo es tuya y sólo tuya hará que te sientas bien. Profundicemos más sobre ésta idea.

      A pesar de que en todos los ejemplos que he ido citando a lo largo del artículo eres tú el que decides (en principio), hay una gran diferencia entre ellos. El sentimiento que aparece en cada decisión dependerá únicamente de ti, tú eres quién decide si quiere sentirse bien o mal.

      Entre paréntesis habrás leído “en principio”, quería resaltar ésta idea. Cómo podéis ver en los primeros ejemplos que he expuesto, el del bar que se escapa de nuestras posibilidades económicas y el de la fiesta en que nos quedamos a pesar de tener que descansar, si os dais cuenta la decisión final no es de uno mismo sino de la presión social en la que se veía envuelta la persona. ¿Qué sentimientos creéis que se puede tener a raíz de ésta decisión? Malos, ¿Verdad? A pesar de que decidiste ir al bar o quedarte en la fiesta, en verdad no querías hacer nada de las dos cosas. Cediste tu “poder” a otros y la decisión última no fue tuya.

        Si analizamos el siguiente ejemplo, en el que viene tu amiga y decides no ir al concierto, en esta ocasión tú decidiste no ir al concierto porque preferías ver a tu amiga y porque sabes que ella se pondrá contenta al verte. En esta ocasión, ¿Cómo crees que serán tus sentimientos? Al ser tu propia decisión y no tener que ceder tu “poder” a nadie, tus sentimientos serán buenos, ¿No crees?

    Hay muchas causas que te hacen decir lo que no quieres decir, en los primeros ejemplos comentamos la presión social que siente la persona, pero también puede darse por que te sientes culpable por tener que decir que no, por que te da miedo (como me pasó a mí) la reacción que puedan tener otros, por miedo a que te traten diferente a partir de tu decisión, o simplemente no sabes el motivo pero te sientes mal si has de decir no.

     Muchas son las causas, sí, pero no me voy a detener en ellas, prefiero hacer hincapié en qué debemos hacer si te encuentras en ésta situación. En ocasiones no nos vemos capaces de tomar nuestras propias decisiones porque no nos creemos merecedores de ello. Tenemos que creer más en nosotros, querernos y respetarnos, valorar nuestros sentimientos y observar cómo nos sentimos dependiendo de lo que decidimos. Todos tenemos derecho de decir que NO. Puede que la idea de que decir NO esté mal vista en sociedad porque no nos han enseñado a decirla y que ese sea otro de los motivos por el que no sepamos o podamos hacerlo. Tenemos que desaprender ésta conducta y empezar a valorar nuestra propia opinión así como respetar nuestros verdaderos sentimientos. Os invito a que os deis cuenta de estas situaciones en las que nos vemos en nuestro día a día, que nos dejemos unos minutos para saborear los sentimientos que comienzan a aflorar en nosotros, ser conscientes de ellos y ahora sí, decidir por nosotros mismos qué vamos a hacer.

       Cómo los que ya me conocen sabéis, una vez decidida nuestra postura, siempre os comento que ya dependerá de la otra u otras personas el cómo manejar esa respuesta. Es decir, tú decides y después ellos deciden cómo tomarse esa respuesta. Por lo tanto, no cedamos más nuestro “poder” a terceros, no, seamos conscientes de nuestros sentimientos, experimentemos éste “nuevo” método para decidir tu propia respuesta, y digo “nuevo” porque ya éramos capaces de hacerlo solo que no lo sabíamos. No nos sintamos mal por tomar nuestras propias decisiones. Comencemos por cuestiones pequeñas como por ejemplo si alguien te dice que pruebes X cosa y tú no quieres hacerlo, simplemente di No, y mira en tu interior ¿Cómo te sientes? ¿Qué sensaciones nuevas tienes? ¿Crees que podrás hacerlo nuevamente?  

       Éste es el principio de una sensación más placentera en ti, una forma más de quererte y apreciar tus sentimientos, de darte cuenta de tu propio YO interior, de mimarlo y darle aquello que en realidad ha estado esperando toda la vida, que le brindes tu atención y de ésta manera sentirse apoderado del NO. Muchas gracias a todos por tener unos minutos no solo para leer éste artículo sino para quererse a uno mismo, y como siempre os digo… Sé feliz.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Pensamientos ajenos, responsabilidad de otros.

      Hoy os traigo un tema que me encanta y que fue el primero de muchos aprendizajes en el camino que decidí tomar, el camino del positivismo. Es un tema que me pareció que debía de compartir con vosotros/as en este momento puntual de mi vida. Pensé que éste aprendizaje ya formaba parte de mis esquemas mentales sin embargo, en ésta última semana me dí cuenta de que no era del todo cierto pues volví a caer en el error de creer que las opiniones de los demás sobre mí debían de afectarme más allá de un crecimiento personal. Fue entonces, al crear en mí, esas opiniones, sentimientos de tristeza y malestar cuando me dí cuenta de que algo no iba bien y que debía de dedicar un tiempo a meditar de dónde venían esas sensaciones realmente y si podía hacer algo para volver a mi estado normal, feliz y positivo. Como todo aprendizaje en ésta vida, antes de ser integrado como parte de uno mismo, habrá momentos en los que avances y otros en los que retrocedas, pero dependerá de uno mismo si quiere retomar su aprendizaje con más fuerza y aprender de los retrocesos o dejarse llevar y ser vencido dejando atrás todo logro alcanzado. Yo personalmente, seguiré hacia delante. 

      Dejemos las cosas claras, "todo pensamiento de otros/as personas tienen su origen en ellos/as mismos/as". Lo que quiero deciros con esta frase es que cada persona tiene sus propios pensamientos, sus propios esquemas mentales, tanto innatos como elaborados a lo largo de sus vidas. Tú mismo tienes tus propios esquemas mentales. Teniendo claro ésto, cuando una persona te dice, por ejemplo "Ese jersey rojo no te sienta nada bien" eres tú mismo quien debería de decidir si te gusta o no cómo te queda ese jersey pues puede que los esquemas que tiene esa persona que te lo dijo y los tuyos sean totalmente diferentes, mientras que esa persona puede que esté diciendo esa frase porque no le gusta el color rojo, de ninguna de las maneras y sea esa la única razón por la que dice no sentarte bien ese jersey, a ti puede ser que te apasione el color rojo y la manera en que queda sobre tu cuerpo. Centrándonos en cuestiones más profundas, en ocasiones, las personas hacen daño con sus palabras a otras personas, ¡incluso sin darse cuenta de ello! ¿Por qué? Lo cierto es que no lo tengo muy claro pues puede ser por miles de razones, pero lo que sí tengo claro es que de nosotros mismos depende si queremos que nos afecten o no. Esos pensamientos, opiniones, juicios, etc. se han producido dentro de sus cabezas, no de la tuya, así que es problema de ellos si quieren seguir pensando de esa manera o seguir con esos mismos esquemas mentales pero tú, tú puedes verlos desde fuera, saber que esos no son tus pensamientos, opiniones, juicios y saber que tú tienes otros distintos. Darte cuenta de que el problema no está en tí sino que el problema está en las cabezas de otras personas. Es un trabajo muy forzoso el ser consciente de ello pues dejamos que nos hagan daño continuamente personas cercanas, otras más lejanas o incluso con los medios de comunicación con sus pensamientos y opiniones. 

      Pues bien, ese es "tú poder", único y exclusivo, y no has de dejar en manos de otras personas ese poder. Si lo hiciésemos, estaríamos modificando nuestros propios esquemas para asemejarlos a otras personas y ya no serán nuestros, sino de otros. Habrás cedido tú "poder" provocando en ti sentimientos de opresión,  te empezarán a surgir dudas, miedos, sentimientos de culpa, negatividad... y todo porque ya no tienes tú el control sobre tu mente,  ya no eres tú quien decide cómo y qué has de pensar. No permitas que los demás te hagan daño con sus palabras proyectando en ti una sombra que no te deja ver tu propia persona, única y exclusiva. Libérate de los pensamientos y opiniones de los demás. La impotencia del no poder hacer nada se desvanece cuando sabes que, a pesar de no poder cambiar el pensamiento de esa persona, puedes cambiar tus propios pensamientos y no dejarte arrastrar por palabras que no hacen más que crear en tí sentimientos negativos. Cuando hayas comprendido que los demás no tienen poder sobre tí, sus palabras y pensamientos dejarán de afectar. 

      El trabajo comienza aquí, cuando se es consciente del poder que cada uno tiene en su interior. Cada persona será un mundo y tendrá sus métodos para ser consciente de cuándo alguien le está robando su propio control y actuará de una u otra manera para lidiar con ello.  Os diré cual es el que me funciona a mí hasta día de hoy, que no por ello quiere decir que no encuentre a lo largo de mi camino diferentes formas de actuar pues como dije en otra publicación, todo está en continuo cambio. Lo primero que me ocurre cuando cedo el control de mis pensamientos a terceros es que mis pensamientos se pueden volver un poco negativos, me siento triste, enojada... Es ese momento en el que me paro a pensar de dónde vienen realmente esos sentimientos, si me los provoqué yo misma o si vienen de otras personas. El primer paso es encontrar el motivo por el que estoy así, cuando me doy cuenta de que no son cosa mía, me paro a pensar si me hacen bien o me hacen mal. El segundo paso es buscar un momento en que sepa que voy a poder estar sola y tranquila para poder meditar sobre lo que me está sucediendo y es ahí cuando realizo el tercer paso, me digo a mi misma que esos no son mis pensamientos y le digo a la persona de los que proceden (aunque no esté presente en ese momento) que me parece bien lo que siente o piensa pero que le devuelvo sus pensamientos porque yo ya tengo unos propios y no los necesito. 

      Éste ejercicio lo realizo todas las veces que sean necesarias pues a veces con una sola vez no se soluciona porque al rato vuelven a aparecer los mismos sentimientos, es por ello que es un trabajo forzoso, porque ha de ser constante. Poco a poco soy capaz de despejar mi mente más rápido de estos pensamientos ajenos que van surgiendo. Además de ello, a veces si es necesario porque los mensajes que me han llegado de terceros son muy duros conmigo, me planto delante del espejo para decirme realmente que es lo que pienso de mí y decírmelo a los ojos. Con este ejercicio refuerzo mis propios pensamientos además de sentir como si otra persona me estuviese diciendo lo que yo sé de mí misma y quiero escuchar en esos momentos. Son los dos ejercicios que realizo cuando siento que no tengo el control de mis propios pensamientos, y por lo que hasta hoy he podido ver, me han funcionado muy bien.

      Ahora te toca a tí ser el/la dueño/a de tus propios pensamientos, de tu vida así que sé consciente de ello, lucha por tí  cada día para poder ser feliz y estar agusto contigo mismo/a. Encuentra tus propios métodos por los cuales puedas liberarte de los pensamientos de otras personas, deshazte de esa carga que han puesto a tus espaldas que lo único que hace es agotarte, que te retrasa en tu crecimiento personal, se consciente de ello, encuentra tu propia verdad, se libre, se feliz. 


miércoles, 23 de noviembre de 2016

Limpia tu mente de prejuicios

      Como dije en mi primera publicación, lo más importante para mí en esta vida es el amor. No os vayáis por las ramas del enamoramiento, eso está muy bien y  me gusta mucho pero me refiero más bien al amor por la vida, amor por uno mismo y hacia los demás. Leídas estas primeras líneas supongo que ya tendréis una idea así a grandes rasgos, de qué hablaré en la publicación de hoy, comencemos.  
      Durante estas semanas que he estado ausente, he podido observar en diferentes personas cómo se ven a sí mismas, cómo hablan de ellas/os y cómo se valoran. En silencio, les escuché o las leí expresando sus sentimientos en redes sociales o a través de mensajes que me enviaban y he llegado a la conclusión de que existe un foco invisible, de esos que te apuntan a la cara pidiendo que digas toda la verdad ante alguien desconocido, que les apunta constantemente. Cierto es que no todas me dejaron esa misma sensación, las hubo de algunas que tienen muy claro quienes son y lo que quieren ser, de otras que fueron así pero que lo superaron y miran hacia delante, por ello son éstas las personas en las que no me centraré hoy al hablar pues me quedo tranquila, feliz y les doy la enhorabuena al ver que son capaces de verse así mismas y ser realistas con sus valoraciones.
      ¿Amor propio o egoísmo? Ésta es la pregunta clave que hasta el momento ni se plantearon las personas de las que vengo ha hablar. Desde pequeños nos educan para respetar y amar al prójimo pero no nos enseñan que antes de poder amar a los demás, tenemos que amarnos a nosotros mismos. Pongamos un claro ejemplo, cuando un bebé nace, éste ha de saber distinguir entre su propio cuerpo del resto del mundo. Al principio cree que es un todo, que su cuerpo se extiende más allá de sus extremidades hasta que es consciente de sí mismo y ve que existe un límite entre sus bracitos, sus piernas, su cabeza y el mundo que le rodea, es en ese momento cuando aprecia su mundo externo y valorará lo ajeno, cuando se ha dado cuenta de sí mismo. Pues bien, a lo que me refiero con dicho ejemplo es a que uno mismo ha de valorarse y amarse a sí mismo para poder valorar y apreciar al resto de la gente.       
      Unas frases que se quedaron grabadas en mi mente fueron las de una compañera mía de clase "si dijese eso sería ser creída, ¿qué pensaría la gente?" y otra la que dijo una de las personas más importantes en mi vida "yo no puedo ser tan egoísta", podéis imaginaros la cara que se me quedó al escuchar estas palabras... Cuando les hablé de mi postura, de la necesidad de tener amor propio y mirar por uno mismo, no podían creer lo que les estaba contando pero sí observé en sus caras que se les abría los ojos de par en par conforme iban escuchando mis palabras y me dí cuenta que les dejé una futura reflexión con ellas mismas, ¡perfecto!, primer paso alcanzado, ser conscientes de la posibilidad de valorarse y quererse. 
      Ahora me dirijo a vosotros lectores, ¿Os queréis u os dejáis sucumbir por el qué dirá la sociedad si lo hacéis? Adelante, quiérete. Rompe con esas cadenas y reconocete como persona respetable y merecedora de amor propio y ajeno, siéntete libre de juzgate a ti mismo con palabras llenas de amor, date ese capricho que tienes en mente desde hace tiempo y que por miedo al qué dirán o por postergar una y otra vez por cumplir antes los de los demás no te has dado el lujo de satisfacer. No es malo pensar en uno mismo, no os engañéis. Cuando intentamos querer a otros sin querernos a nosotros mismos pueden surgir sentimientos de ira, rabia, celos, etc. pues nos comparamos constantemente al no estar satisfechos con nosotros mismos, pero es lógico pues ni tiempo nos hemos dedicado para entendernos o valorarnos, sin ni siquiera pararnos a pensar si tenemos también esa cualidad o no, si tenemos de otras compensatorias o no, únicamente vemos lo bueno en otros sin conocernos, juzgamos sin más argumentos posibles, desnudos ante los demás.
      Empieza hoy mismo, dedícate de cinco a quince minutos cada día para pensar en tí, para escuchar tus propios pensamientos, para valorar cada parte de tu cuerpo, para apreciar la visión que los demás tienen sobre tí, para saber quién eres y quién quieres ser. Ten clara tu presencia en éste mundo, busca en tu interior quién eres realmente, tú "yo actual" y desmenuzate en componentes más pequeñitos cada parte de ti para conocerte bien.  Cuando seas consciente de tí mismo/a, podrás cambiar los rasgos de tu personalidad que no te gustan, podrás modificar o aceptar lo que menos te gusta o incluso darle una nueva perspectiva a lo que sientes hacia tí, darte una oportunidad de ser feliz contigo mismo/a. Piensa en la persona que te gustaría ser, compara tu "yo ideal" con tu "yo actual" y ponte manos a la obra en superarte a tí mismo sin tener que hacer la comparación con alguien externo pues sería de locos partir desde un punto inalcanzable pues no eres tú sino otra persona. Busca y transfórmate cada día en una versión mejorada de tí. Cuando seas capaz de encontrar el camino hacia el amor propio, podrás ver la belleza de las personas que te rodean sin tener que compararte con ellas sino que serás capaz de verlas como personas que aportan rasgos diferentes a este mundo igualmente tan válidos como los tuyos. 
      Os preguntaréis ¿Cómo puedo hacer para darme cuenta de mi misma? Pues bien, en esos minutos en los que te dedicaras tiempo para tí, puedes hacer muchos ejercicios sencillos como pueden ser anotar en un cuaderno las cosas que te gustan o no de tí, mirarte en el espejo y, aunque parezca ridículo (que ¡ojo! no lo es), di algo bonito de ti, analizar momentos en los que te has sentido libre de juicios y estuviste tranquilo/a contigo, valora que es lo que te gustaría llegar a ser, observa la lista que hiciste sobre lo que te gusta y lo que no e intenta buscar soluciones para las cosas que no te gustan tanto y recursos para potenciar las cosas buenas de ti mismo, como por ejemplo, si te gusta ayudar a los demás, apúntate a alguna asociación para ayudar a los más necesitados o si lo que no te gusta de ti es que eres cabezota por ejemplo, cuando surja una situación en la que has de dar tu brazo a torcer, simplemente hazlo, a ver qué sucede... cuando hables a los demás sobre tí, intenta decir cosas bonitas como por ejemplo "tengo mucha fuerza de voluntad, todo lo que empiezo lo acabo" o "me gusta mi sonrisa porque realmente parece sincera pues hasta sus arruguitas le salen y son muy bonitas", intenta no decir cosas negativas de tí misma o de compararte con el resto con un "sí, x persona tiene una inteligencia estupenda pero yo también soy muy listo/a" o "sí, es cierto que es más alto/a pero estoy agusto con mi estatura"... estos son recursos que me vienen ahora a la mente pero así hay miles que podéis utilizar. Al principio, como todo, cuesta pero cuanto antes empecéis antes notaréis un cambio positivo en vosotros mismos. ¿No os gustaría sonreír a la vida y sentiros libres de ser juzgados por los demás? ? ¿Sentir que tenéis el control de vuestra propia felicidad y autoestima? A mi personalmente me encanta decirme cosas bonitas y sonreir a la vida, valorar a los demás por lo que son y tienen, sentir que puedo disfrutar plenamente de ellas sin tener que juzgarlas o compararme con ellas sino verlas como externos a mí con sus propias cosas buenas y no tan buenas. Ser consciente de mí misma, quererme, valorarme y superarme a mí misma. Sin nada más que decir, os dejo espacio para pensar en vosotros mismos. Un abrazo y como siempre digo: sé feliz. 



lunes, 14 de noviembre de 2016

Aceptar que se acaba es poder crear un final feliz.

      Todo tiene un comienzo, todo tiene un final. En nuestro viaje por la vida vamos a abrir miles de puertas que nos traerán momentos únicos pero al igual que las puertas se abren, también se pueden cerrar. Por este simple motivo, deberíamos de exprimir cada instante mientras la puerta aún sigue abierta. 

      Hay infinidad de historias que vamos a ir viviendo a lo largo de la vida, el comienzo del curso escolar, relaciones con nuevos amigos, el primer auto, el proceso de curación ante un fallecimiento, la ruptura de una relación, planificar un viaje y hacerlo... Cada uno de ellos más largo o más corto, más difícil o más fácil, lleno de emociones o con un proceso lento en el que parece que las cosas no avanzan, pero lo que es indudable en todas ellas es que siempre habrá un comienzo y un final. Hace ya un tiempo escribí un post en el que decía que la vida eran momentos, que aprovechásemos cada uno de ellos porque al igual que vienen se van. La vida está en constante cambio, cambian las personas, cambiar los entornos, cambias tú mismo y todo ello trae consigo unas consecuencias, la adaptación a ese cambio, tú transformación junto a ese cambio o el soltarte de ese cambio que sucedió y buscar tu propio camino más adecuado a tí. 

      Hoy he decidido aceptar que una historia de mi vida terminó, y hoy es cuando después de varias semanas acepto este cambio y dejo marchar mis pensamientos negativos de que algo acabó, hoy vivo libre pues acepté que todo ha cambiado y que no he de sentirme mal por ello sino que he de seguir hacia delante recordando los momentos tan buenos que viví durante esa historia y vivo con ganas de sumergirme en las nuevas que ya han comenzado a escribirse y de otras que aún están por venir. Puede que os preguntéis cómo se puede hacer dicha afirmación, cómo se es posible seguir hacia delante y aceptar que algo ha llegado a su fin, pues bien, os contaré cómo llegué a librarme de tal carga y comencé a sentirme bien, comencé a valorar lo que tuve, lo que tengo y lo que tendré y puede que a más de uno le ayude esta manera de ver las cosas, o puede que alguien quiera compartir su opinión al respecto.  

     En mi caso, lo que ha finalizado es una relación social, al principio no sabía bien cómo manejar este asunto, creí que alguna de las dos partes tuvo la culpa de que acabase esta historia. Me enfurecía la situación en la que estaba en ese momento, sentía una gran impotencia al ver que todo llegaba a su fin y que no tenía herramientas para poder salvar esa relación. Sin embargo, tenía todas las herramientas necesarias sólo que no era consciente de ello. En verdad, algo me decía que esa historia debía de acabar ya, que la viví intensamente y que la exprimí todo lo posible. Era hora de dejarla marchar pues lo único que lograría forzando la situación sería emociones, sentimientos y pensamientos negativos provocados por una situación en la que no quería estar ni vivir más. Fue cuando comprendí que todo llegó a su fin, cuando por fin fui libre y abrí los ojos y vi todo de un nuevo color, un color que no era ni blanco ni negro sino que era un color neutro, un color que no puede ser definido sino que has de verlo tal cual es. Dejé de luchar y acepté que todo acabó.

      Ahora echo la vista atrás y sólo veo lo bien que lo pasé en esa etapa de mi vida cuando todo bailaba en un mismo son que cuadraba con lo que yo soy. Ahí puede que esté la clave, mientras todo fluya y pueda adaptarse a tí, todo irá bien pero hay veces que las cosas cambian sin tú tener la posibilidad de cambiarlo, es entonces cuando decides si esos cambios van con tu forma de ser, si pueden llevarse bien contigo mismo y si no es así, es hora de decir adiós sin remordimientos pues has de aceptar que no puedes tener todo el control de lo que pase alrededor tuyo pero sí tienes el control de decidir por ti qué quieres hacer con esos cambios.  Me explico, ya he mencionado muchas veces que todo en esta vida cambia, que nada permanece igual, ni uno mismo es siempre igual pues nunca será el que fue ayer ni el que se es hoy sino que irá cambiando constantemente. De igual manera, las personas o la vida están en constante movimiento interactuando con su entorno, con ellos mismos y modificándose una y otra vez. Pues bien, a lo que me vengo a referir es que tú eres quien decide si esos cambios quieres integrarlos en tu vida o si por el contrario ya no te gustan y no quieres seguir por ese camino, más bien te plantas y buscarás aquello que cuadre más contigo. Eso es lo que me sucedió a mi, acepté que mi exterior estaba cambiando y que yo también cambiaba con ello. Decidí que ese cambio no iba conmigo y que ya no me aportaba nada pues mi camino era distinto al suyo, decidí que tenía total libertad para aceptarlo y amarlo o por el contrario dejarlo ir y seguir con mi vida sin más pues forzar vivir en algo que me desagrada podría ser contraproducente y dañino para mí. 

      Explicado hasta aquí con mi historia personal, puedo explicar de otra manera más fácil de entender, el proceso por el que pasé y evolucioné como persona. Puede sonar redundante para algunos pero lo explicaré muy sencillo y rápido aún tenga que repetir ciertas frases. Tanto las personas como todo aquello que nos rodea está en continuo cambio, tú mismo a la vez que todo cambia también estas cambiando. Eres tú mismo el que ha de decidir qué cambios quieres introducir en tu vida, tú tienes el poder de decidir por que camino ir. En ocasiones, no tienes el control sobre el entorno o las personas que están cambiando pero sí tienes el control para decidir si te gustan o no esos cambios, si los aceptas o los retiras de tu camino por muy duro que parezca. Lo que no has de hacer, en mi opinión, es seguir por un camino que no te gusta, aguantar cambios que no te aportan felicidad por el simple hecho de ser lo que siempre has tenido o por el hecho de que guardas junto a esas personas o cosas mucho tiempo y cariño invertido en lo que un día fue pues, es algo que pertenece al pasado y has de aceptar que ahora todo es distinto. Aferrarse a una idea que no volverá, dejarse llevar sin más o simplemente aguantar la situación porque es lo que has hecho siempre, únicamente te llevará a pensamientos negativos que irán creciendo con el tiempo hasta provocar en tí sentimientos y emociones que te destruirán por dentro sin apenas darte cuenta. 

      Es por ello que gracias a que puedo decidir, yo decido ser feliz, aceptar que cada momento vivido es único y especial, que yo misma soy la que decide que algo se acabó y que por ello no seguiré dándole un sinsentido sino que acabaré una historia creando un final feliz en el que sé que ahí ha de acabar, que yo decidí no volverlo amargo sino quedarme en un recuerdo agradable y en que fui capaz de dejarlo marchar sin que ello me destruyese lentamente si lo hubiese prolongado por más tiempo. Yo soy quien decide ser feliz, y tal como yo lo hice, tú también puedes ser quien escriba las últimas lineas de esa bonita historia que un día comenzó y que hoy llegan a su fin, ser libre de todo pensamiento negativo pues no podría ser de otra forma. La felicidad es una decisión en la que tú eres el protagonista, por ello y como siempre os digo, decide ser feliz. 


viernes, 15 de julio de 2016

El reflejo de una sonrisa que proviene del más puro sentimiento de amistad.

      Hace algún tiempo que no escribo en el blog, hay personas que me han preguntado si seguiré publicando, a lo cual les respondo que sí, claro que seguiré haciéndolo, siempre y cuando tenga algo en mente que quiera compartir con todos vosotros. El motivo de la demora fue que decidí emplear más tiempo con mi gente, tanto con mi familia como con mis amigos. Y éste es precisamente el tema del que vengo a hablar hoy. 

      Casi todos los pensamientos que hoy en día tenemos cada uno de nosotros se han ido formando desde bien pequeños, y es que tanto nuestros seres queridos, los más cercanos ya sean familia o amigos, la escuela, los medios de comunicación o la sociedad en sí nos han ido moldeando. Ahora bien, mi pregunta de hoy es la siguiente: esa educación que nos han ido introduciendo, ¿Es la más correcta o bien nos han introducido muchas ideas que son destructivas para nosotros mismos y para nuestro alrededor? Pongamos un ejemplo muy típico y que todos habremos escuchado en algún momento para que así podamos entendernos con lo que quiero plasmar. Cuando llegaban las notas de los exámenes, nos hemos comparado una y otra vez con nuestros amigos o enemigos a ver quien obtuvo la mejor nota. ¿Creeis que esa es la mejor actitud? ¿Qué opináis si en vez de habernos comparado con otros, nos hubiésemos fijado en nosotros mismos? Ahora, tal vez te hayas dado cuenta con el paso de los años de lo poco que te sirvió y sirve el compararse con los demás en vez de mirarse a uno mismo, cuantos sentimientos de odio, celos, ira, rabia, sentimientos de inferioridad, tristeza o culpa hemos ido acumulando que no sirven para nada, es por esta razón que me gustaría que fuésemos conscientes y a nuestras futuras personitas que aún están en esta fase donde son esponjas, les brindemos este conocimiento, de no compararnos con los demás, para poder crecer más felizmente y que si conocemos el caso de personas que no son tan pequeñas y aún siguen con estas mentalidades, les comentemos lo mismo por si le interesa seguir siendo igual o reflexionar las cosas y tener en cuenta la posibilidad de cambiar. 

      A lo que vengo a decir con todo esto es que como bien dije en el post anterior, hay que saber quererse a uno mismo pero también es muy importante querer a los demás pues el amor que te pueden proporcionar puede hacer de tu día un día mucho mejor en el que podáis compartir miles de experiencias que puedan ser recordadas en un futuro. 

      Decidí empezar a trabajar en ello e intentar ver a las personas tal cual son, con sus "defectos y virtudes", lo pongo entre comillas porque lo que para mi puede parecer un defecto o una virtud, para otros pueden ser lo contrario. Intento mirar un poco más allá de mi ego y aprender a conocer a las personas que están cerca de mí, las observo y pienso el porqué de sus sentimientos, de sus actos. 

      Voy a confesaros una cosa que antes me daba vergüenza incluso decirlo pero que ahora no tengo reparo alguno pues mi trabajo me ha costado y he logrado superar esa barrera que me hacía alejarme de las personas que pudiese conocer y que me hacía sentirme inferior. Hace un tiempo, era una persona que sentía celos de otras por el simple hecho que me comparaba con ellas, solía estar de mal humor cuando me acercaba a ellas porque me centraba tanto en lo que yo no tenía y ellas sí que dejaba escapar el momento tan agradable que podría haber pasado junto a ellas. Un día me vi por casualidad en el espejo después de un paseo con una de esas personas y me ví con una cara muy seria que me llegó a asustar, ¡No me reconocí!, algo no funcionaba bien dentro de mí, algo había que cambiar. Fue en ese momento en el que abrí de par en par los ojos y me pregunté por qué me hacía ese daño pues estaba como si hubiese envejecido ¡¡20 años o más!! No sabía como cambiar ese estado, estuve días con el mismo sentimiento y odiandome por sentirlo hasta que me planteé que tal vez no me quería lo suficiente a mí misma además de que había dejado que algo externo me influenciase a la hora de quererme como puede ser por medios de comunicación donde te introducen ideas erróneas de que es lo aceptado en sociedad como "bello" o por personas que te dicen una y otra vez frases que han aprendido las cuales te hunden sin quererlo tanto a ellas mismas como a uno, como puede ser "nunca llegaré a ser tan guapa como la chica del anuncio X", "Si no te esfuerzas, X persona vale más que tú y no lograrás superarla"  o "Si te maquillas puedes estar más guapa" por ejemplo,  frases que a simple vista parecen inofensivas y puede parecer absurdo que interrumpa tu felicidad, pero que sí lo hacen... Decidí ir al espejo nuevamente y mirarme, mirarme fijamente, plantarme cara, luchar conmigo misma para saber que sí hay cosas de mí que me encantan, que tengo cualidades que no podrán tener otras personas pues no son yo y así mismo saber que no puedo estar comparandome con los demás pues yo no soy ellos. 

      He aquí la cuestión en sí, ¿Sí tú no eres él o ella, porque te comparas con un imposible? Valora lo que tú tienes tanto como lo que tienen los demás. Cada persona es un mundo y consigo aportan su granito a esta vida, ¡No pretendas tenerlo todo! deja que los demás también aporten lo que tienen y valoralo. Ahora miro a las personas con otros ojos, valoro sus esfuerzos y lo que les viene de serie jejeje son personas únicas dispuestas a aportar lo mismo que tú, lo que tienen. Si te pasas el día comparandote con los demás, nunca podrás ser feliz en total plenitud pues careces de algo que jamás tendrás igual que otra persona. ¿De qué sirve malgastar tanto tiempo y esfuerzo en ello? ¿No sería mejor centrarte en tus posibilidades, en tus cualidades, en potenciar todo aquello que puedes aportar y así sentirte mejor? Mira a los demás con entusiasmo como si estuvieses viendo una película que llevabas tiempo queriendo ver, como si estuvieses viendo algo que jamás antes habías visto, abre bien todos tus sentidos y disfruta del paisaje tan bonito, del sonido de sus voces, del tacto de su piel, de la fragancia que desprenden o de saborear cada instante que pases junto a ellas. Cuando comprendas todo esto, llegará el día en el que te topes frente al espejo y veas el reflejo de una gran sonrisa como me ocurrió a mí, una sonrisa provocada por esas personas y experiencias que viviste junto a ellas ese día,  esa sensación que solo una verdadera amistad o vínculo puede proporcionar en la que te dejas llevar por el momento, disfrutar de las personas y ver más allá de uno mismo para disfrutar de los demás. Siéntete libre, rompe las cadenas que la sociedad impone y disfruta, sé consciente de las señales negativas que inundan tus sentimientos y lucha contra ello, tú puedes, claro que puede ser difícil pero creeme cuando te digo que merece la pena intentarlo, como siempre os digo y así acabo mi publicación de hoy, sé feliz.