En
el artículo anterior os hablé sobre el derecho a decir NO sin sentirse mal por
ello, en éste nuevo artículo os hablaré del derecho que tienen los demás a
decir NO. Porque hay veces que nosotros somos los que impedimos que otros
puedan opinar o decidir.
A
quién no le ha ocurrido que ha querido ir al cine, tomar un café, ir a una
fiesta, visitar a alguien, ir a la playa, piscina… es decir, ha hecho planes
para cualquier cosa con amigos, familia o pareja y no han salido como lo esperaba
o ni siquiera se llegaron a realizar porque esas personas tenían otros planes,
lo hicieron a desgana o simplemente no querían hacerlo. A mí personalmente, me
ha pasado más de una vez y me cuesta identificar en ocasiones si la otra
persona no está de acuerdo en hacer lo que yo le propongo ya sea porque no me
doy cuenta de lo que quiere o porque no dice lo que realmente piensa. También
habrás escuchado la típica frase de “es que siempre se hace lo que X quiere…” o
“da igual lo que diga/digas porque X va a hacer lo que quiera y vamos a tener
que callar igualmente”. Éstos y muchos otros son claros ejemplos de que la
persona no está siendo escuchada y en el que su derecho a decir NO se lo
estamos quitando.
Además,
cuando los demás nos dan su opinión respecto a lo que nosotros queremos o
creemos que es lo mejor o más correcto, nos puede incluso sentar mal que su
respuesta sea contraria a la nuestra. Surgen así sentimientos de tristeza, ira,
rabia, impotencia… que nos hacen comportarnos mal con esas personas y con
nosotros mismos, acabando por realizar actos egoístas y mezquinos.
Eso
es lo que ocurre cuando no eres consciente de que otros pueden pensar diferente
a ti o a pesar de ser consciente, no aceptas que otros puedan tener opiniones propias.
No toleras que no se haga lo que tú quieres y te frustra pensar que no se
realizará.
Alcanzado
éste punto, si estuviste de acuerdo con el artículo anterior y afirmaste que
tienes derecho a decir NO, ¿Porqué crees que los demás no tienen el mismo
derecho que tú a decir que no?. Reflexionemos juntos, coge papel y bolígrafo. Te
encuentras en una situación en la que no quieres hacer una cosa y te fuerzan a
hacerlo sin poder decir que NO, ¿Cómo te sentirías? Piensa en una ocasión en la
que te haya ocurrido esto y anota sobre el papel los sentimientos que te vengan
a la mente. ¿Te gusta cómo te sentiste? Es más, ¿Te gusta como te estas
sintiendo en éste momento al volver a pensar en ello? Continuemos, ahora coloca
el nombre de otra persona sobre el papel, alguien que tú conozcas y sea cercano
a ti. ¿Puede ser que esa persona se haya sentido así en algún momento? ¿Puede ser
que se haya sentido así por algo que tú mismo le hiciste hacer sin que quisiese?
Desde luego que puede ocurrir y ocurre. Pues bien, ¿Te gusta que esa persona se
sienta así? Anota en el papel los sentimientos que te vienen al pensar que esa
persona esté así ya sea por nuestra culpa o por otra razón.
Ahora
eres consciente de la situación, los demás también tienen el mismo derecho que
tú a decir que NO. Ya sabes que debes dejar que los demás opinen y puedan decir
lo que sienten sin tener que tener miedo a la reacción que puedan tener los
demás. Sin embargo, ser consciente no lo es todo, también tienes que saber
manejar la situación para que no te frustre el hecho de que puedan tener ideas
contrarias a las tuyas. Es normal que surjan sentimientos negativos, lo que no
es normal es que nos quedemos en ellos y los hagamos cada vez más fuertes.
Tenemos que ser capaces de hacer que esos sentimientos negativos desaparezcan.
Una
manera de afrontar estos sentimientos es pensar en los demás y decirnos a
nosotros mismos que es normal que a esa persona no quiera hacer lo que quieres,
pues pueden tener ideas diferente a las tuyas. Hay que pensar en los sentimientos
que le produciría el no poder opinar, es decir, ponerse en los zapatos del otro.
Otra manera es pensar en lo que le propusiste y ver si habría alguna forma en
la que puedes introducir sus ideas para que ambos estéis de acuerdo, e incluso comentárselo
a él mismo y dialoguéis para ver si podéis llegar a un acuerdo. La manera en que
yo manejo esos sentimientos es pensar en ellos y trabajar para modificarlos. No
me gusta estar enfadada, triste, con ira… en general, no me gusta tener malos sentimientos,
por lo que intento estar en ese estado lo mínimo posible. Tengo claro que me
gusta estar bien y si piensas en momentos antes de haber ocurrido todo, ves que
lo estabas. Tú mismo eres el que tiene el poder para estar bien, es cuestión de
querer. Éste método es para mí el más difícil pero el que más me gusta porque
te da la posibilidad de conocerte mejor y manejar tus propios sentimientos.
Éstos
son solo tres ejemplos de cómo podrías manejar el hecho de que otros puedan dar
su propia opinión sin que te afecte pero hay muchas otras maneras de hacerlo.
Sea cual sea la forma, será la correcta si te sientes bien al ver que la otra
persona pudo expresarse libremente. Ahora es a ti a quien le toca trabajar sobre
ello, averiguar la mejor manera de calmar esos sentimientos, de trabajar en las
relaciones sociales y en el conocimiento de ti mismo. Espero que os haya
gustado y podáis sacar lo mejor de éstas palabras.
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