jueves, 14 de junio de 2018

Da libertad a la expresión ajena


        En el artículo anterior os hablé sobre el derecho a decir NO sin sentirse mal por ello, en éste nuevo artículo os hablaré del derecho que tienen los demás a decir NO. Porque hay veces que nosotros somos los que impedimos que otros puedan opinar o decidir.

       A quién no le ha ocurrido que ha querido ir al cine, tomar un café, ir a una fiesta, visitar a alguien, ir a la playa, piscina… es decir, ha hecho planes para cualquier cosa con amigos, familia o pareja y no han salido como lo esperaba o ni siquiera se llegaron a realizar porque esas personas tenían otros planes, lo hicieron a desgana o simplemente no querían hacerlo. A mí personalmente, me ha pasado más de una vez y me cuesta identificar en ocasiones si la otra persona no está de acuerdo en hacer lo que yo le propongo ya sea porque no me doy cuenta de lo que quiere o porque no dice lo que realmente piensa. También habrás escuchado la típica frase de “es que siempre se hace lo que X quiere…” o “da igual lo que diga/digas porque X va a hacer lo que quiera y vamos a tener que callar igualmente”. Éstos y muchos otros son claros ejemplos de que la persona no está siendo escuchada y en el que su derecho a decir NO se lo estamos quitando.

        Además, cuando los demás nos dan su opinión respecto a lo que nosotros queremos o creemos que es lo mejor o más correcto, nos puede incluso sentar mal que su respuesta sea contraria a la nuestra. Surgen así sentimientos de tristeza, ira, rabia, impotencia… que nos hacen comportarnos mal con esas personas y con nosotros mismos, acabando por realizar actos egoístas y mezquinos.

       Eso es lo que ocurre cuando no eres consciente de que otros pueden pensar diferente a ti o a pesar de ser consciente, no aceptas que otros puedan tener opiniones propias. No toleras que no se haga lo que tú quieres y te frustra pensar que no se realizará.

      Alcanzado éste punto, si estuviste de acuerdo con el artículo anterior y afirmaste que tienes derecho a decir NO, ¿Porqué crees que los demás no tienen el mismo derecho que tú a decir que no?. Reflexionemos juntos, coge papel y bolígrafo. Te encuentras en una situación en la que no quieres hacer una cosa y te fuerzan a hacerlo sin poder decir que NO, ¿Cómo te sentirías? Piensa en una ocasión en la que te haya ocurrido esto y anota sobre el papel los sentimientos que te vengan a la mente. ¿Te gusta cómo te sentiste? Es más, ¿Te gusta como te estas sintiendo en éste momento al volver a pensar en ello? Continuemos, ahora coloca el nombre de otra persona sobre el papel, alguien que tú conozcas y sea cercano a ti. ¿Puede ser que esa persona se haya sentido así en algún momento? ¿Puede ser que se haya sentido así por algo que tú mismo le hiciste hacer sin que quisiese? Desde luego que puede ocurrir y ocurre. Pues bien, ¿Te gusta que esa persona se sienta así? Anota en el papel los sentimientos que te vienen al pensar que esa persona esté así ya sea por nuestra culpa o por otra razón.

         Ahora eres consciente de la situación, los demás también tienen el mismo derecho que tú a decir que NO. Ya sabes que debes dejar que los demás opinen y puedan decir lo que sienten sin tener que tener miedo a la reacción que puedan tener los demás. Sin embargo, ser consciente no lo es todo, también tienes que saber manejar la situación para que no te frustre el hecho de que puedan tener ideas contrarias a las tuyas. Es normal que surjan sentimientos negativos, lo que no es normal es que nos quedemos en ellos y los hagamos cada vez más fuertes. Tenemos que ser capaces de hacer que esos sentimientos negativos desaparezcan.

         Una manera de afrontar estos sentimientos es pensar en los demás y decirnos a nosotros mismos que es normal que a esa persona no quiera hacer lo que quieres, pues pueden tener ideas diferente a las tuyas. Hay que pensar en los sentimientos que le produciría el no poder opinar, es decir, ponerse en los zapatos del otro. Otra manera es pensar en lo que le propusiste y ver si habría alguna forma en la que puedes introducir sus ideas para que ambos estéis de acuerdo, e incluso comentárselo a él mismo y dialoguéis para ver si podéis llegar a un acuerdo. La manera en que yo manejo esos sentimientos es pensar en ellos y trabajar para modificarlos. No me gusta estar enfadada, triste, con ira… en general, no me gusta tener malos sentimientos, por lo que intento estar en ese estado lo mínimo posible. Tengo claro que me gusta estar bien y si piensas en momentos antes de haber ocurrido todo, ves que lo estabas. Tú mismo eres el que tiene el poder para estar bien, es cuestión de querer. Éste método es para mí el más difícil pero el que más me gusta porque te da la posibilidad de conocerte mejor y manejar tus propios sentimientos.

        Éstos son solo tres ejemplos de cómo podrías manejar el hecho de que otros puedan dar su propia opinión sin que te afecte pero hay muchas otras maneras de hacerlo. Sea cual sea la forma, será la correcta si te sientes bien al ver que la otra persona pudo expresarse libremente. Ahora es a ti a quien le toca trabajar sobre ello, averiguar la mejor manera de calmar esos sentimientos, de trabajar en las relaciones sociales y en el conocimiento de ti mismo. Espero que os haya gustado y podáis sacar lo mejor de éstas palabras.


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