martes, 19 de junio de 2018

¿Y si…? No te quedes con la duda, hazlo.


      Por último y para finalizar ésta trilogía de artículos sobre el NO, hablaré de nuestra propia capacidad de negarnos a hacer algo cuando en verdad lo que queremos es hacerlo. Cómo ya he comentado en artículos anteriores, en ocasiones, la persona que nos retiene ha hacer aquello que queremos es uno mismo.

       Ya sea por miedo al qué dirán, por el miedo que tenemos a salir de nuestra zona de confort, o porque creemos que si lo hacemos y sale mal, no podremos cargar con la culpa. Damos mil vueltas, damos miles de argumentos, nos mentimos, etc., para hacernos creer que no tenemos que hacerlo, sin embargo, ¡Cómo nos gustaría a veces que alguien viniese y nos diese ese empujoncito para poder hacerlo!.

      En realidad, no muchos nos damos cuenta de la capacidad que tenemos de decir SI puedo y quiero hacerlo. Solemos quedarnos en un “y si…” cuando podríamos decir “lo hice, lo intenté y…” ¿Quién sabe que hubiese pasado si cuando era pequeña le hubiese confesado lo que sentía a aquella persona? ¿Qué hubiese pasado si llego a comprar aquella casa? ¿Qué hubiese pasado si…? Lo que hubiese pasado es que tendríamos una respuesta a lo que queríamos saber realmente.

       Tenemos que romper con esa dinámica, darnos cuenta de los momentos en que impedimos dar una respuesta que corresponde a lo que realmente deseamos. Identificar el momento es lo primero que tenemos que tener en cuenta, parece fácil pero no lo es, en ocasiones nos centramos tanto en dar respuestas que nos lleven a desviarnos de lo que queremos que no nos damos cuenta de lo que estamos haciéndonos.

        Siempre nos dicen que nos tomemos nuestro tiempo en dar una respuesta, en verdad, deberíamos de hacerlo, nos daríamos cuenta de la cantidad de veces que no realizamos lo que queremos. Una simple pregunta a uno mismo como ¿Me maquillo hoy para ir al cine? En la que una misma se responde ¡No, mis amigos me mirarían raro, yo nunca me maquillo! Sin embargo, ese día te apetecía y querías verte bonita. Si esto ocurre con cosas tan simples, ¿qué no estará pasando en el resto de decisiones?. Por ello es muy importante que nuestro primer paso sea identificar cuándo nos estamos negando a realizar algo que queremos.

      En segundo lugar, convendría pararse a observar nuestros sentimientos y emociones. Siempre digo que es muy importante éste paso, éste es el que nos da pie a decidir con “poder” propio una respuesta. Nos podríamos preguntar cosas como ¿Me gustaría hacer lo que quiero? ¿Si otras personas lo hiciesen y tu estuvieses delante, crees que actuarías como crees que actuarían ellos al verte a ti en la misma situación? ¿Es lo que ellos harían o es lo que tú crees que harían? ¿Cómo te sientes al pensar en hacerlo? ¿Es importante para ti? ¿Te arrepentirás de no hacerlo? Cómo un amigo me dijo en su día, el NO ya lo tienes, ¡hazlo, puede que encuentres un SI!

       Un día me planteé una cuestión y es la siguiente: creo que cuando dudas de algo es porque ya sabes la respuesta. Piénsalo, si no tienes dudas sobre algo, ¿Porqué le das tantas vueltas? Es una manera que tengo yo de plantearme las cosas y verlas desde otro ángulo, de cierta forma, me hago recapacitar sobre ello y veo clara la respuesta.

        En tercer lugar, ¡Hazlo! Haz aquello que deseas. Y por cuarto y último lugar, ¿Cómo te sientes al ver que puedes hacerlo? ¿Crees que el haberlo hecho puede cambiar tu rumbo en futuras preguntas/repuestas? ¿Ocurrió aquello que creías que pasaría? Y si no salió como creías, ¿Crees que puede pasar algo malo? ¿Fue tan catastrófico? Yo creo que no, y es que a veces también cometemos errores, lo bueno es saber reconstruirnos y aprender de ellos, no desistir en intentarlo otra vez. Pero sobre todo, fuiste tú quien decidió hacerlo, es algo que hiciste por qué tú querías, no es tan malo como realizar algo que no quieres y obtener la misma respuesta. En éste último caso, te sentirías frustrada contigo mismo y echarías tal vez la culpa a otros por no haberte escuchado. Es por ésta razón que a veces es mejor decidir por uno mismo.

       Voy a contar un caso propio el cuál estoy trabajando en ello ahora mismo, siempre he sido una persona que no se ha cuidado mucho su aspecto, ropas anchas y antiguas, nada de maquillaje, salía de la ducha y tal cual tenía el pelo así se quedaba… Muchas veces me decía a mi misma “¿Y si hoy me arreglo un poco?” “Me gustaría sentirme bonita hoy y pintarme, vestirme bonita…” pero siempre me decía “Creo que si me arreglase me mirarían raro” “Seguro que no estoy bonita y mis amigos se burlarán de mi” “Eso no pega conmigo, yo no sé ser bonita” “Para qué me voy a arreglar si me voy a sentir observada y voy a querer cambiarme de seguida”… y un largo etc. Sin embargo, desde hace unas semanitas estoy intentando cambiar el chip, he sacado mis pinturas, estoy probando peinados nuevos (jamás he llevado algo que no sea el pelo suelto… tal vez una coleta y enseguida me la quitaba jajajaja), me fui a comprarme ropa nueva y muy colorida, con estampados que siempre me han gustado y de un tacto tan bueno que me siento muy cómoda llevándolo. Desde que cambié mi chip, me arreglo un poco más, me miro al espejo y veo que me gusta lo que hay, ¡Sonrío al verme! Y cada vez menos me importa lo que los demás puedan opinar, ésta soy yo y no lo que los demás esperan que sea. Y si me apetece ir arreglada voy, y si me apetece llevar chándal todo el día, me lo pongo, pero siempre haciendo lo que dibuje en mí esa sonrisa tan bonita que veo cada mañana en el espejo desde que me dejo ser yo misma, ser libre.

      Ahora te toca a ti averiguar cuáles son esos momentos en los que te dices que NO, analizar y preguntarte, hacerlo y volver a analizar y preguntarte cómo te sientes. Gracias por leerme y nos vemos en breve, un abrazo.

jueves, 14 de junio de 2018

Da libertad a la expresión ajena


        En el artículo anterior os hablé sobre el derecho a decir NO sin sentirse mal por ello, en éste nuevo artículo os hablaré del derecho que tienen los demás a decir NO. Porque hay veces que nosotros somos los que impedimos que otros puedan opinar o decidir.

       A quién no le ha ocurrido que ha querido ir al cine, tomar un café, ir a una fiesta, visitar a alguien, ir a la playa, piscina… es decir, ha hecho planes para cualquier cosa con amigos, familia o pareja y no han salido como lo esperaba o ni siquiera se llegaron a realizar porque esas personas tenían otros planes, lo hicieron a desgana o simplemente no querían hacerlo. A mí personalmente, me ha pasado más de una vez y me cuesta identificar en ocasiones si la otra persona no está de acuerdo en hacer lo que yo le propongo ya sea porque no me doy cuenta de lo que quiere o porque no dice lo que realmente piensa. También habrás escuchado la típica frase de “es que siempre se hace lo que X quiere…” o “da igual lo que diga/digas porque X va a hacer lo que quiera y vamos a tener que callar igualmente”. Éstos y muchos otros son claros ejemplos de que la persona no está siendo escuchada y en el que su derecho a decir NO se lo estamos quitando.

        Además, cuando los demás nos dan su opinión respecto a lo que nosotros queremos o creemos que es lo mejor o más correcto, nos puede incluso sentar mal que su respuesta sea contraria a la nuestra. Surgen así sentimientos de tristeza, ira, rabia, impotencia… que nos hacen comportarnos mal con esas personas y con nosotros mismos, acabando por realizar actos egoístas y mezquinos.

       Eso es lo que ocurre cuando no eres consciente de que otros pueden pensar diferente a ti o a pesar de ser consciente, no aceptas que otros puedan tener opiniones propias. No toleras que no se haga lo que tú quieres y te frustra pensar que no se realizará.

      Alcanzado éste punto, si estuviste de acuerdo con el artículo anterior y afirmaste que tienes derecho a decir NO, ¿Porqué crees que los demás no tienen el mismo derecho que tú a decir que no?. Reflexionemos juntos, coge papel y bolígrafo. Te encuentras en una situación en la que no quieres hacer una cosa y te fuerzan a hacerlo sin poder decir que NO, ¿Cómo te sentirías? Piensa en una ocasión en la que te haya ocurrido esto y anota sobre el papel los sentimientos que te vengan a la mente. ¿Te gusta cómo te sentiste? Es más, ¿Te gusta como te estas sintiendo en éste momento al volver a pensar en ello? Continuemos, ahora coloca el nombre de otra persona sobre el papel, alguien que tú conozcas y sea cercano a ti. ¿Puede ser que esa persona se haya sentido así en algún momento? ¿Puede ser que se haya sentido así por algo que tú mismo le hiciste hacer sin que quisiese? Desde luego que puede ocurrir y ocurre. Pues bien, ¿Te gusta que esa persona se sienta así? Anota en el papel los sentimientos que te vienen al pensar que esa persona esté así ya sea por nuestra culpa o por otra razón.

         Ahora eres consciente de la situación, los demás también tienen el mismo derecho que tú a decir que NO. Ya sabes que debes dejar que los demás opinen y puedan decir lo que sienten sin tener que tener miedo a la reacción que puedan tener los demás. Sin embargo, ser consciente no lo es todo, también tienes que saber manejar la situación para que no te frustre el hecho de que puedan tener ideas contrarias a las tuyas. Es normal que surjan sentimientos negativos, lo que no es normal es que nos quedemos en ellos y los hagamos cada vez más fuertes. Tenemos que ser capaces de hacer que esos sentimientos negativos desaparezcan.

         Una manera de afrontar estos sentimientos es pensar en los demás y decirnos a nosotros mismos que es normal que a esa persona no quiera hacer lo que quieres, pues pueden tener ideas diferente a las tuyas. Hay que pensar en los sentimientos que le produciría el no poder opinar, es decir, ponerse en los zapatos del otro. Otra manera es pensar en lo que le propusiste y ver si habría alguna forma en la que puedes introducir sus ideas para que ambos estéis de acuerdo, e incluso comentárselo a él mismo y dialoguéis para ver si podéis llegar a un acuerdo. La manera en que yo manejo esos sentimientos es pensar en ellos y trabajar para modificarlos. No me gusta estar enfadada, triste, con ira… en general, no me gusta tener malos sentimientos, por lo que intento estar en ese estado lo mínimo posible. Tengo claro que me gusta estar bien y si piensas en momentos antes de haber ocurrido todo, ves que lo estabas. Tú mismo eres el que tiene el poder para estar bien, es cuestión de querer. Éste método es para mí el más difícil pero el que más me gusta porque te da la posibilidad de conocerte mejor y manejar tus propios sentimientos.

        Éstos son solo tres ejemplos de cómo podrías manejar el hecho de que otros puedan dar su propia opinión sin que te afecte pero hay muchas otras maneras de hacerlo. Sea cual sea la forma, será la correcta si te sientes bien al ver que la otra persona pudo expresarse libremente. Ahora es a ti a quien le toca trabajar sobre ello, averiguar la mejor manera de calmar esos sentimientos, de trabajar en las relaciones sociales y en el conocimiento de ti mismo. Espero que os haya gustado y podáis sacar lo mejor de éstas palabras.


sábado, 5 de mayo de 2018

Apodérate del No


      El tema de éste nuevo artículo es el que me devolvió la ilusión por escribir otra vez. Fue en ese momento cuando desperté del letargo en el que he estado envuelta durante todo éste tiempo. Resulta que había perdido la capacidad de decir por mí. Me dejaba llevar sin ser consciente de lo desagradable que era e incluso el sentimiento de malestar que provocaba en mí el dejar que otros decidiesen en verdad por mí.

     Seguramente a veces os habéis sentido molestos con alguien o con alguna situación sin saber realmente cuál era el problema o si teníais idea del porqué, sin más, mirabais hacia otro lado y asumíais ese sentimiento. Es el caso aquel en el que os dijeron de ir a cenar a aquel restaurante tan caro y por no hacer el feo, a pesar de que no estabas pasando por un buen momento económico, aceptas la invitación pero no es que te haga especial ilusión o aquella vez que debías de ir a casa a descansar porque al día siguiente tenías cosas que hacer sin embargo te quedaste en aquella fiesta en la que no te sentías muy cómodo/a porque gente a la que quieres te pidió que te quedases insistentemente. Todas éstas y otras situaciones en las que te has sentido mal, se podrían haber solucionado con un simple NO.

      Éste fue mi caso, tuve que decirle a una compañera de clase que no quería realizar un trabajo con ella por diversas razones. Al principio, no sabía como se lo iba a decir, el miedo a su reacción me impedía ver mi propio derecho a elegir lo que quiero y me temía que por el miedo iba ha hacer aquello que no quería, trabajar con ella. Pero fue al cabo de varios minutos de darle vueltas en mi cabeza que pensé “¿por qué tengo que tener miedo a su reacción? ¿Acaso no puedo decidir por mi misma si quiero o no hacerlo? Esa misma persona es quién ha de asumir que no quiera hacer el trabajo con ella, no yo la que tenga que estar comiéndome la cabeza…” Y así me liberé del enorme estrés que me resultaba aquella situación.

      En ocasiones hacemos cosas que no nos gustan por agradar a otras personas, no digo con ello que no hayan ocasiones en las que tengamos que hacerlas. Es normal que se den también ese tipo de situaciones en las que aunque no quieras, sabes que lo harás porque reconoces que es la mejor opción. Pongamos un ejemplo, el día X tienes un concierto que llevas tiempo esperando sin embargo, ese mismo día llega tu mejor amiga, esa que hace mil años que no ves y va a ser la única vez que os veáis pues se marcha ese mismo día… esa decisión será tuya, pero ahí radica la diferencia entre los ejemplos de antes y éste. La decisión última es tuya y estas conforme porque tú fuiste quien decidiste no ir al concierto para ver a tu amiga y no el hecho de que ella esté aquí te haga decidir que no has de ir al concierto.

      Por lo tanto, cuando estés cediendo tu “poder” te sentirás desconforme con tu decisión, pues en realidad no es tu propia decisión. Sin embargo, a pesar de rechazar algo que querías, el saber que la decisión última de lo que estás haciendo es tuya y sólo tuya hará que te sientas bien. Profundicemos más sobre ésta idea.

      A pesar de que en todos los ejemplos que he ido citando a lo largo del artículo eres tú el que decides (en principio), hay una gran diferencia entre ellos. El sentimiento que aparece en cada decisión dependerá únicamente de ti, tú eres quién decide si quiere sentirse bien o mal.

      Entre paréntesis habrás leído “en principio”, quería resaltar ésta idea. Cómo podéis ver en los primeros ejemplos que he expuesto, el del bar que se escapa de nuestras posibilidades económicas y el de la fiesta en que nos quedamos a pesar de tener que descansar, si os dais cuenta la decisión final no es de uno mismo sino de la presión social en la que se veía envuelta la persona. ¿Qué sentimientos creéis que se puede tener a raíz de ésta decisión? Malos, ¿Verdad? A pesar de que decidiste ir al bar o quedarte en la fiesta, en verdad no querías hacer nada de las dos cosas. Cediste tu “poder” a otros y la decisión última no fue tuya.

        Si analizamos el siguiente ejemplo, en el que viene tu amiga y decides no ir al concierto, en esta ocasión tú decidiste no ir al concierto porque preferías ver a tu amiga y porque sabes que ella se pondrá contenta al verte. En esta ocasión, ¿Cómo crees que serán tus sentimientos? Al ser tu propia decisión y no tener que ceder tu “poder” a nadie, tus sentimientos serán buenos, ¿No crees?

    Hay muchas causas que te hacen decir lo que no quieres decir, en los primeros ejemplos comentamos la presión social que siente la persona, pero también puede darse por que te sientes culpable por tener que decir que no, por que te da miedo (como me pasó a mí) la reacción que puedan tener otros, por miedo a que te traten diferente a partir de tu decisión, o simplemente no sabes el motivo pero te sientes mal si has de decir no.

     Muchas son las causas, sí, pero no me voy a detener en ellas, prefiero hacer hincapié en qué debemos hacer si te encuentras en ésta situación. En ocasiones no nos vemos capaces de tomar nuestras propias decisiones porque no nos creemos merecedores de ello. Tenemos que creer más en nosotros, querernos y respetarnos, valorar nuestros sentimientos y observar cómo nos sentimos dependiendo de lo que decidimos. Todos tenemos derecho de decir que NO. Puede que la idea de que decir NO esté mal vista en sociedad porque no nos han enseñado a decirla y que ese sea otro de los motivos por el que no sepamos o podamos hacerlo. Tenemos que desaprender ésta conducta y empezar a valorar nuestra propia opinión así como respetar nuestros verdaderos sentimientos. Os invito a que os deis cuenta de estas situaciones en las que nos vemos en nuestro día a día, que nos dejemos unos minutos para saborear los sentimientos que comienzan a aflorar en nosotros, ser conscientes de ellos y ahora sí, decidir por nosotros mismos qué vamos a hacer.

       Cómo los que ya me conocen sabéis, una vez decidida nuestra postura, siempre os comento que ya dependerá de la otra u otras personas el cómo manejar esa respuesta. Es decir, tú decides y después ellos deciden cómo tomarse esa respuesta. Por lo tanto, no cedamos más nuestro “poder” a terceros, no, seamos conscientes de nuestros sentimientos, experimentemos éste “nuevo” método para decidir tu propia respuesta, y digo “nuevo” porque ya éramos capaces de hacerlo solo que no lo sabíamos. No nos sintamos mal por tomar nuestras propias decisiones. Comencemos por cuestiones pequeñas como por ejemplo si alguien te dice que pruebes X cosa y tú no quieres hacerlo, simplemente di No, y mira en tu interior ¿Cómo te sientes? ¿Qué sensaciones nuevas tienes? ¿Crees que podrás hacerlo nuevamente?  

       Éste es el principio de una sensación más placentera en ti, una forma más de quererte y apreciar tus sentimientos, de darte cuenta de tu propio YO interior, de mimarlo y darle aquello que en realidad ha estado esperando toda la vida, que le brindes tu atención y de ésta manera sentirse apoderado del NO. Muchas gracias a todos por tener unos minutos no solo para leer éste artículo sino para quererse a uno mismo, y como siempre os digo… Sé feliz.