El
tema de éste nuevo artículo es el que me devolvió la ilusión por escribir otra
vez. Fue en ese momento cuando desperté del letargo en el que he estado envuelta
durante todo éste tiempo. Resulta que había perdido la capacidad de decir por mí. Me dejaba llevar sin ser consciente
de lo desagradable que era e incluso el sentimiento de malestar que provocaba
en mí el dejar que otros decidiesen en verdad por mí.
Seguramente
a veces os habéis sentido molestos con alguien o con alguna situación sin saber
realmente cuál era el problema o si teníais idea del porqué, sin más, mirabais
hacia otro lado y asumíais ese sentimiento. Es el caso aquel en el que os
dijeron de ir a cenar a aquel restaurante tan caro y por no hacer el feo, a
pesar de que no estabas pasando por un buen momento económico, aceptas la
invitación pero no es que te haga especial ilusión o aquella vez que debías de
ir a casa a descansar porque al día siguiente tenías cosas que hacer sin
embargo te quedaste en aquella fiesta en la que no te sentías muy cómodo/a
porque gente a la que quieres te pidió que te quedases insistentemente. Todas
éstas y otras situaciones en las que te has sentido mal, se podrían haber
solucionado con un simple NO.
Éste
fue mi caso, tuve que decirle a una compañera de clase que no quería
realizar un trabajo con ella por diversas razones. Al principio, no sabía como
se lo iba a decir, el miedo a su reacción me impedía ver mi propio derecho a
elegir lo que quiero y me temía que por el miedo iba ha hacer aquello que no quería,
trabajar con ella. Pero fue al cabo de varios minutos de darle vueltas en mi
cabeza que pensé “¿por qué tengo que
tener miedo a su reacción? ¿Acaso no puedo decidir por mi misma si quiero o no
hacerlo? Esa misma persona es quién ha de asumir que no quiera hacer el trabajo
con ella, no yo la que tenga que estar comiéndome la cabeza…” Y así me
liberé del enorme estrés que me resultaba aquella situación.
En
ocasiones hacemos cosas que no nos gustan por agradar a otras personas, no digo
con ello que no hayan ocasiones en las que tengamos que hacerlas. Es normal que
se den también ese tipo de situaciones en las que aunque no quieras, sabes que
lo harás porque reconoces que es la mejor opción. Pongamos un ejemplo, el día X
tienes un concierto que llevas tiempo esperando sin embargo, ese mismo día
llega tu mejor amiga, esa que hace mil años que no ves y va a ser la única vez
que os veáis pues se marcha ese mismo día… esa decisión será tuya, pero ahí
radica la diferencia entre los ejemplos de antes y éste. La decisión
última es tuya y estas conforme porque tú fuiste quien decidiste no ir al
concierto para ver a tu amiga y no el hecho de que ella esté aquí te haga decidir que no has de ir al concierto.
Por
lo tanto, cuando estés cediendo tu “poder” te sentirás desconforme con tu
decisión, pues en realidad no es tu propia decisión. Sin embargo, a pesar de
rechazar algo que querías, el saber que la decisión última de lo que estás
haciendo es tuya y sólo tuya hará que te sientas bien. Profundicemos más sobre
ésta idea.
A
pesar de que en todos los ejemplos que he ido citando a lo largo del artículo
eres tú el que decides (en principio), hay una gran diferencia entre ellos. El sentimiento que aparece en cada decisión dependerá únicamente de ti,
tú eres quién decide si quiere sentirse bien o mal.
Entre
paréntesis habrás leído “en principio”, quería resaltar ésta idea. Cómo podéis
ver en los primeros ejemplos que he expuesto, el del bar que se escapa de nuestras
posibilidades económicas y el de la fiesta en que nos quedamos a pesar de tener
que descansar, si os dais cuenta la decisión final no es de uno mismo sino de
la presión social en la que se veía envuelta la persona. ¿Qué sentimientos
creéis que se puede tener a raíz de ésta decisión? Malos, ¿Verdad? A pesar de
que decidiste ir al bar o quedarte en la fiesta, en verdad no querías hacer
nada de las dos cosas. Cediste tu “poder” a otros y la decisión última no fue
tuya.
Si
analizamos el siguiente ejemplo, en el que viene tu amiga y decides no ir al
concierto, en esta ocasión tú decidiste no ir al concierto porque preferías ver
a tu amiga y porque sabes que ella se pondrá contenta al verte. En esta
ocasión, ¿Cómo crees que serán tus sentimientos? Al ser tu propia decisión y no
tener que ceder tu “poder” a nadie, tus sentimientos serán buenos, ¿No crees?
Hay
muchas causas que te hacen decir lo que no quieres decir, en los primeros
ejemplos comentamos la presión social que siente la persona, pero también puede
darse por que te sientes culpable por tener que decir que no, por que te da miedo
(como me pasó a mí) la reacción que puedan tener otros, por miedo a que te
traten diferente a partir de tu decisión, o simplemente no sabes el motivo pero
te sientes mal si has de decir no.
Muchas
son las causas, sí, pero no me voy a detener en ellas, prefiero hacer hincapié
en qué debemos hacer si te encuentras en ésta situación. En ocasiones no nos
vemos capaces de tomar nuestras propias decisiones porque no nos creemos
merecedores de ello. Tenemos que creer más en nosotros, querernos y
respetarnos, valorar nuestros sentimientos y observar cómo nos sentimos
dependiendo de lo que decidimos. Todos tenemos derecho de decir que NO. Puede
que la idea de que decir NO esté mal vista en sociedad porque no nos han
enseñado a decirla y que ese sea otro de los motivos por el que no sepamos o
podamos hacerlo. Tenemos que desaprender ésta conducta y empezar a valorar
nuestra propia opinión así como respetar nuestros verdaderos sentimientos. Os
invito a que os deis cuenta de estas situaciones en las que nos vemos en
nuestro día a día, que nos dejemos unos minutos para saborear los sentimientos
que comienzan a aflorar en nosotros, ser conscientes de ellos y ahora sí,
decidir por nosotros mismos qué vamos a hacer.
Cómo
los que ya me conocen sabéis, una vez decidida nuestra postura, siempre os
comento que ya dependerá de la otra u otras personas el cómo manejar esa
respuesta. Es decir, tú decides y después ellos deciden cómo tomarse esa
respuesta. Por lo tanto, no cedamos más nuestro “poder” a terceros, no, seamos
conscientes de nuestros sentimientos, experimentemos éste “nuevo” método para decidir
tu propia respuesta, y digo “nuevo” porque ya éramos capaces de hacerlo solo
que no lo sabíamos. No nos sintamos mal por tomar nuestras propias decisiones.
Comencemos por cuestiones pequeñas como por ejemplo si alguien te dice que pruebes
X cosa y tú no quieres hacerlo, simplemente di No, y mira en tu interior ¿Cómo
te sientes? ¿Qué sensaciones nuevas tienes? ¿Crees que podrás hacerlo
nuevamente?
Éste
es el principio de una sensación más placentera en ti, una forma más de quererte
y apreciar tus sentimientos, de darte cuenta de tu propio YO interior, de
mimarlo y darle aquello que en realidad ha estado esperando toda la vida, que le brindes tu atención y de ésta manera sentirse apoderado del NO. Muchas gracias a todos por tener
unos minutos no solo para leer éste artículo sino para quererse a uno mismo, y
como siempre os digo… Sé feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario