Todo tiene un comienzo, todo tiene un final. En nuestro viaje por la vida vamos a abrir miles de puertas que nos traerán momentos únicos pero al igual que las puertas se abren, también se pueden cerrar. Por este simple motivo, deberíamos de exprimir cada instante mientras la puerta aún sigue abierta.
Hay infinidad de historias que vamos a ir viviendo a lo largo de la vida, el comienzo del curso escolar, relaciones con nuevos amigos, el primer auto, el proceso de curación ante un fallecimiento, la ruptura de una relación, planificar un viaje y hacerlo... Cada uno de ellos más largo o más corto, más difícil o más fácil, lleno de emociones o con un proceso lento en el que parece que las cosas no avanzan, pero lo que es indudable en todas ellas es que siempre habrá un comienzo y un final. Hace ya un tiempo escribí un post en el que decía que la vida eran momentos, que aprovechásemos cada uno de ellos porque al igual que vienen se van. La vida está en constante cambio, cambian las personas, cambiar los entornos, cambias tú mismo y todo ello trae consigo unas consecuencias, la adaptación a ese cambio, tú transformación junto a ese cambio o el soltarte de ese cambio que sucedió y buscar tu propio camino más adecuado a tí.
Hoy he decidido aceptar que una historia de mi vida terminó, y hoy es cuando después de varias semanas acepto este cambio y dejo marchar mis pensamientos negativos de que algo acabó, hoy vivo libre pues acepté que todo ha cambiado y que no he de sentirme mal por ello sino que he de seguir hacia delante recordando los momentos tan buenos que viví durante esa historia y vivo con ganas de sumergirme en las nuevas que ya han comenzado a escribirse y de otras que aún están por venir. Puede que os preguntéis cómo se puede hacer dicha afirmación, cómo se es posible seguir hacia delante y aceptar que algo ha llegado a su fin, pues bien, os contaré cómo llegué a librarme de tal carga y comencé a sentirme bien, comencé a valorar lo que tuve, lo que tengo y lo que tendré y puede que a más de uno le ayude esta manera de ver las cosas, o puede que alguien quiera compartir su opinión al respecto.
En mi caso, lo que ha finalizado es una relación social, al principio no sabía bien cómo manejar este asunto, creí que alguna de las dos partes tuvo la culpa de que acabase esta historia. Me enfurecía la situación en la que estaba en ese momento, sentía una gran impotencia al ver que todo llegaba a su fin y que no tenía herramientas para poder salvar esa relación. Sin embargo, tenía todas las herramientas necesarias sólo que no era consciente de ello. En verdad, algo me decía que esa historia debía de acabar ya, que la viví intensamente y que la exprimí todo lo posible. Era hora de dejarla marchar pues lo único que lograría forzando la situación sería emociones, sentimientos y pensamientos negativos provocados por una situación en la que no quería estar ni vivir más. Fue cuando comprendí que todo llegó a su fin, cuando por fin fui libre y abrí los ojos y vi todo de un nuevo color, un color que no era ni blanco ni negro sino que era un color neutro, un color que no puede ser definido sino que has de verlo tal cual es. Dejé de luchar y acepté que todo acabó.
Ahora echo la vista atrás y sólo veo lo bien que lo pasé en esa etapa de mi vida cuando todo bailaba en un mismo son que cuadraba con lo que yo soy. Ahí puede que esté la clave, mientras todo fluya y pueda adaptarse a tí, todo irá bien pero hay veces que las cosas cambian sin tú tener la posibilidad de cambiarlo, es entonces cuando decides si esos cambios van con tu forma de ser, si pueden llevarse bien contigo mismo y si no es así, es hora de decir adiós sin remordimientos pues has de aceptar que no puedes tener todo el control de lo que pase alrededor tuyo pero sí tienes el control de decidir por ti qué quieres hacer con esos cambios. Me explico, ya he mencionado muchas veces que todo en esta vida cambia, que nada permanece igual, ni uno mismo es siempre igual pues nunca será el que fue ayer ni el que se es hoy sino que irá cambiando constantemente. De igual manera, las personas o la vida están en constante movimiento interactuando con su entorno, con ellos mismos y modificándose una y otra vez. Pues bien, a lo que me vengo a referir es que tú eres quien decide si esos cambios quieres integrarlos en tu vida o si por el contrario ya no te gustan y no quieres seguir por ese camino, más bien te plantas y buscarás aquello que cuadre más contigo. Eso es lo que me sucedió a mi, acepté que mi exterior estaba cambiando y que yo también cambiaba con ello. Decidí que ese cambio no iba conmigo y que ya no me aportaba nada pues mi camino era distinto al suyo, decidí que tenía total libertad para aceptarlo y amarlo o por el contrario dejarlo ir y seguir con mi vida sin más pues forzar vivir en algo que me desagrada podría ser contraproducente y dañino para mí.
Explicado hasta aquí con mi historia personal, puedo explicar de otra manera más fácil de entender, el proceso por el que pasé y evolucioné como persona. Puede sonar redundante para algunos pero lo explicaré muy sencillo y rápido aún tenga que repetir ciertas frases. Tanto las personas como todo aquello que nos rodea está en continuo cambio, tú mismo a la vez que todo cambia también estas cambiando. Eres tú mismo el que ha de decidir qué cambios quieres introducir en tu vida, tú tienes el poder de decidir por que camino ir. En ocasiones, no tienes el control sobre el entorno o las personas que están cambiando pero sí tienes el control para decidir si te gustan o no esos cambios, si los aceptas o los retiras de tu camino por muy duro que parezca. Lo que no has de hacer, en mi opinión, es seguir por un camino que no te gusta, aguantar cambios que no te aportan felicidad por el simple hecho de ser lo que siempre has tenido o por el hecho de que guardas junto a esas personas o cosas mucho tiempo y cariño invertido en lo que un día fue pues, es algo que pertenece al pasado y has de aceptar que ahora todo es distinto. Aferrarse a una idea que no volverá, dejarse llevar sin más o simplemente aguantar la situación porque es lo que has hecho siempre, únicamente te llevará a pensamientos negativos que irán creciendo con el tiempo hasta provocar en tí sentimientos y emociones que te destruirán por dentro sin apenas darte cuenta.
Es por ello que gracias a que puedo decidir, yo decido ser feliz, aceptar que cada momento vivido es único y especial, que yo misma soy la que decide que algo se acabó y que por ello no seguiré dándole un sinsentido sino que acabaré una historia creando un final feliz en el que sé que ahí ha de acabar, que yo decidí no volverlo amargo sino quedarme en un recuerdo agradable y en que fui capaz de dejarlo marchar sin que ello me destruyese lentamente si lo hubiese prolongado por más tiempo. Yo soy quien decide ser feliz, y tal como yo lo hice, tú también puedes ser quien escriba las últimas lineas de esa bonita historia que un día comenzó y que hoy llegan a su fin, ser libre de todo pensamiento negativo pues no podría ser de otra forma. La felicidad es una decisión en la que tú eres el protagonista, por ello y como siempre os digo, decide ser feliz.
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